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[et_pb_section fb_built=”1″ _builder_version=”3.22″ width=”100%”][et_pb_row _builder_version=”4.4.9″ background_size=”initial” background_position=”top_left” background_repeat=”repeat” width=”60%” width_tablet=”80%” width_phone=”90%” width_last_edited=”on|phone” module_alignment=”center” custom_margin=”0px|411px||auto|false|false” custom_padding=”0px||||false|false”][et_pb_column type=”4_4″ _builder_version=”3.25″ custom_padding=”|||” custom_padding__hover=”|||”][et_pb_image src=”https://marienberg.cl/wp-content/uploads/46-52pomaceas-134-5.jpg” alt=”Malla sombra en manzanos” title_text=”46-52pomaceas-134-5″ url=”/categoria-producto/malla-raschel/” align=”center” _builder_version=”4.9.0″ custom_margin=”0px||60px||false|false” hover_enabled=”0″ border_radii=”on|8px|8px|8px|8px” sticky_enabled=”0″][/et_pb_image][et_pb_text _builder_version=”4.4.9″ _dynamic_attributes=”content” text_font=”|600|||||||” text_font_size=”26px” text_line_height=”1.4em” custom_margin=”||10px||false|false”]@ET-DC@eyJkeW5hbWljIjp0cnVlLCJjb250ZW50IjoicG9zdF90aXRsZSIsInNldHRpbmdzIjp7ImJlZm9yZSI6IiIsImFmdGVyIjoiIn19@[/et_pb_text][et_pb_divider _builder_version=”4.4.9″][/et_pb_divider][et_pb_text _builder_version=”4.9.0″ _module_preset=”default” header_3_line_height=”1.3em” custom_padding=”||24px||false|false”] Cuál es el impacto del nuevo escenario climático para la producción de manzanos y cerezos, dos especies frutales adaptadas a clima templado. Por Loreto Arenas & Álvaro Sepúlveda Laboratorio de Ecofisiología Frutal Centro de Pomáceas Universidad de Talca Revista MundoAgro, febrero 2021. [/et_pb_text][et_pb_text _builder_version=”4.9.0″ text_line_height=”1.8em” header_3_line_height=”1.6em” background_size=”initial” background_position=”top_left” background_repeat=”repeat”] El nuevo escenario climático afecta a manzanos y cerezos, dos especies frutales adaptadas a clima templado y de gran importancia en la fruticultura chilena. Inviernos más cálidos a los habituales, eventos meteorológicos extremos en floración y alta temperatura durante el crecimiento del fruto, tienen un gran impacto en la producción, calidad y condición de la fruta. Para enfrentarlos se requiere un monitoreo preciso de las condiciones meteorológicas y del comportamiento del frutal. Asimismo, manejos orientados a mejorar el desempeño de la planta o a modificar el microambiente pueden mitigar estas condiciones desfavorables. Decisiones productivas en el largo plazo conducirán a cambios en la distribución geográfica de cultivares y especies. La falta de frío en invierno afecta la formación de las yemas y altera la fenología. Es reconocida la relación entre la cantidad de frío percibido en invierno y el calor acumulado por la yema para brotar y florecer. Es así que después de inviernos con poco frío, o en el requerimiento según especie y cultivar, será necesaria una mayor acumulación térmica para alcanzar floración, con lo que ésta ocurre más tarde y es más extensa. El diferente requerimiento de frío entre cultivares y tipo de yema agudiza la diacronía entre cultivares o entre crecimiento vegetativo y floral en el mismo árbol, después de inviernos cálidos. Ello provocará un limitado abastecimiento de flores y frutos recién cuajados, que puede causar su caída prematura. Otra consecuencia de un limitado frío en invierno es una reducción en la calidad de las flores, sobre todo en su impacto en el período efectivo de polinización. Flores que han superado un invierno cálido, con una reducción de sus reservas nutricionales, tendrán óvulos con menor longevidad que las flores de temporadas con alta acumulación de frío en invierno. De esta manera, luego de inviernos de poco frío se reduce la cuaja potencial del huerto. La plantación de nuevos cultivares en nuevas zonas de producción y frente a la actual realidad climática, requiere de un monitoreo confiable de las variables meteorológicas y el replanteo del método de estimación de frío consultado. Así también, cualquier manejo con el objetivo de modificar la fisiología del árbol en el proceso de receso debería ser ponderado de acuerdo a las condiciones ambientales predominantes, además del estado de la planta. En floración, el predominio de temperatura (T) muy baja o alta puede afectar negativamente los procesos de polinización y fertilización de las flores. Por un lado, T sobre 15 °C será favorable para el vuelo de abejas, la germinación del polen y para un rápido avance del tubo polínico hacia el óvulo. Por otro lado, T muy alta y baja humedad relativa (HR), reducirán la receptibilidad del estigma y la viabilidad del óvulo. Por lo anterior, una floración tardía, conllevará un ambiente más cálido en una temporada con predominio de alta T, como ocurrió en octubre de 2016 y 2020 (Cuadro 1), puede tener un efecto negativo en la cuaja. EL EFECTO DE LA RADIACIÓN SOLAR Luego, en el verano, días de intensa radiación solar (RS), con alta T y baja HR, condiciones propias de esta estación en la zona central de Chile, tienen fuerte impacto en la producción de fruta. La T del aire regula la fotosíntesis y respiración. Días con T excesivamente alta en verano pueden reducir la fotosíntesis y priorizar carbohidratos en la mantención de los sistemas defensivos de la planta. Por otro lado, noches de alta temperatura promueven la actividad oxigenasa de la rubisco, inversa a la fijación de CO2, proceso conocido como respiración. [/et_pb_text][et_pb_image src=”https://marienberg.cl/wp-content/uploads/pomaceas2-300×202@2x.jpg” title_text=”pomaceas2-300×202@2x” align=”center” _builder_version=”4.9.0″ _module_preset=”default” custom_margin=”32px||32px||true|false”][/et_pb_image][et_pb_text _builder_version=”4.9.0″ _module_preset=”default” text_line_height=”1.6em”] Los sistemas defensivos de la planta están constituidos por compuestos que en condiciones de estrés ambiental se estimula su síntesis. Estos corresponden a pigmentos y otros compuestos fenólicos, que actúan como filtro de RS nociva, tal como del rango UV; compuestos antioxidantes, asociados a la neutralización de las especies reactivas de oxígeno (conocidas como ROS por su sigla en inglés), que desestabilizan la integridad de componentes celulares; y enzimas de golpe térmico (conocidas como HSP por su sigla en inglés), que mantienen la estabilidad de las estructuras proteicas frente a su eventual desnaturalización por estrés térmico. Sin embargo, la exposición prolongada a condiciones extremas puede llegar a colapsar estos sistemas defensivos e inducir alteraciones en la piel del fruto, teniendo en el daño por sol expresión más extrema. MADURACIÓN DEL FRUTO El papel del ambiente en el verano sobre la maduración de la manzana está en discusión, pero estaría determinada tempranamente, en los primeros días de crecimiento del fruto, durante la etapa de división celular. Esta etapa es altamente sensible a la T ambiental, y un ambiente cálido reducirá la extensión del período de crecimiento de la manzana. [/et_pb_text][et_pb_image src=”https://marienberg.cl/wp-content/uploads/pomaceas3-1-292×300@2x.jpg” title_text=”pomaceas3-1-292×300@2x” align=”center” _builder_version=”4.9.0″ _module_preset=”default” width=”60%” max_width=”60%”][/et_pb_image][et_pb_text _builder_version=”4.9.0″ _module_preset=”default” text_line_height=”1.6em”] El Centro de Pomáceas cuenta con un modelo que estima el inicio de cosecha de acuerdo a las condiciones térmicas postflor (Figura 1). Según este indicador, esta temporada se estima la cosecha de Galas a los 115 días después de plena flor en la localidad de Quebrada de Agua (San Clemente). Además, alta T en división celular favorecerá un mayor número de células y con ello un mayor tamaño potencial a cosecha. Sin embargo, una temperatura muy alta conduciría a un rápido avance de los índices de madurez de la manzana, una vez iniciada su maduración. Por otro lado, una primavera fría promovería una maduración paulatina, con alto potencial de guarda, pero comprometería

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